La Universidad Nacional de La Rioja comenzó a dar pasos firmes hacia un proceso clave en la formación académica: la curricularización de la extensión. Se trata de una iniciativa que busca integrar el trabajo en territorio dentro de las carreras, como parte del aprendizaje obligatorio de los estudiantes.
Eugenia Torres, subsecretaria de Bienestar Universitario, en diálogo en Multimedio UNLaR, explicó que este cambio no surge de manera aislada, sino que responde a una tendencia a nivel nacional. “Es un proceso que ya se viene desarrollando en otras universidades del país. Nosotros estamos comenzando a transitarlo de manera progresiva”, señaló.
Actualmente, la extensión universitaria funciona como una actividad complementaria. Es decir, los estudiantes pueden participar de proyectos, talleres o acciones en la comunidad, pero no forma parte obligatoria del plan de estudios. La propuesta ahora es distinta: incorporar esas experiencias dentro de las materias.
“Lo que se busca es que ese conocimiento que se adquiere en el aula pueda llevarse al territorio y también nutrirse de la experiencia en la comunidad”, explicó Torres. En ese sentido, remarcó que la extensión implica una relación directa con la sociedad, generando un ida y vuelta entre universidad y comunidad.
El proceso no será inmediato. Desde la Secretaría de Extensión reconocen que se trata de un cambio profundo en la lógica educativa, que requiere tiempo, formación y adaptación. “Es un cambio de perspectiva tanto para docentes como para estudiantes. Por eso hablamos de un proceso lento y progresivo”, indicó.
Para avanzar en esta transformación, la UNLaR creó una comisión específica que trabaja en la temática. Está integrada por representantes de distintas unidades académicas, docentes, estudiantes y personal no docente. Desde allí se impulsan capacitaciones y espacios de formación.
Durante 2025, además, se lanzó por primera vez una convocatoria específica de proyectos de curricularización de la extensión. Hasta el momento, ya se presentaron más de diez iniciativas impulsadas por docentes, quienes serán los responsables de llevar estas prácticas al aula.
A diferencia de los proyectos tradicionales de extensión, estas propuestas deberán estar directamente vinculadas a las cátedras y serán dirigidas exclusivamente por docentes. El objetivo es que funcionen como estrategias de enseñanza-aprendizaje dentro de cada carrera.
“Hay carreras que ya tienen cierta cercanía con estas prácticas, como las sociales. En otras áreas, como las exactas o aplicadas, el desafío es mayor, pero la idea es que todas puedan incorporar esta mirada”, explicó Torres.
Uno de los puntos centrales es generar conciencia sobre la importancia de la extensión. “El conocimiento que se construye en la universidad tiene que tener un fin social. Siempre hay un otro para quien ese saber puede ser útil”, afirmó.
En paralelo, se desarrollan jornadas y talleres con especialistas que ya han trabajado este proceso en otras universidades. Estas instancias buscan acompañar a los docentes en el diseño de proyectos y resolver dudas sobre la implementación.
Si bien aún no hay una fecha concreta para que la curricularización sea obligatoria, desde la UNLaR anticipan que el próximo paso será avanzar en una reglamentación formal a través del Consejo Superior.
Mientras tanto, la invitación es abierta a toda la comunidad universitaria. “Queremos que se animen, que participen y que entiendan la importancia de este proceso. Es una oportunidad para transformar la manera en que enseñamos y aprendemos”, concluyó Torres.


